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El martes 21 de diciembre llegamos
al Chuy, una pequeña población fronteriza en donde un lado de
la calle principal se haya en Brasil, mientras que el otro
pertenece a Uruguay. Desde ahí nos dirigimos a la playa de La
Paloma y siguiendo hacia el suroeste llegamos a Punta del
Este,
uno de los centros vacacionales más famosos de Sudamérica.
Edificios de lujo, espectaculares chalets frente al mar, tiendas
de marca y coches último modelo conforman el paisaje de Punta
del Este.
Punta del Este es el lugar elegido por la clase alta argentina para pasar sus
vacaciones y sinónimo de lujo, diversión, dinero y derroche.
Tener una propiedad en Punta del Este no está al alcance de
cualquiera, y otorga un cierto prestigio a quien puede presumir de ello. Aunque cueste creerlo, esto último es
muy importante para los argentinos, especialmente para aquellos
con dinero, pero más interesante aún es que las propiedades en
Punta del Este están fuera del alcance del fisco argentino, la
mayoría no están declaradas y son producto de la evasión de
capitales.
Dejamos atrás Punta del Este y nos dirigimos a Piriápolis, un
sitio lindo y tranquilo cuyas playas estan bañadas por el Río de la
Plata, aunque sus aguas no son tan limpias y cristalinas como
las situadas sobre el océano Atlántico. Seguimos camino por la
costa y a medida que nos acercábamos al centro de Montevideo,
nos llamó la atención lo bonita que es toda la zona de la
Rambla. Fue un descubrimiento para nosotros, pero no fue lo
único que nos sorprendió de Montevideo.
Se trata de una ciudad pequeña comparada con Buenos Aires, pero
mucho más limpia, ordenada y tranquila. Claro que no es un
paraíso, también hay gente durmiendo en la calle, niños
pidiendo limosnas y personas juntando cartones o revolviendo en
la basura, pero no se percibe el ambiente de inseguridad y
violencia que hay hoy en día en Buenos Aires, el ritmo de la
ciudad es mucho más tranquilo, el tráfico más ordenado y la
amabilidad de la gente es para destacar sin ninguna duda.
El contraste entre el Montevideo rico y el pobre es evidente, y
se refleja entre otras cosas al comparar las viviendas
situadas en los alrededores de la Rambla con aquellas otras
ubicadas en los suburbios de la ciudad. Otro ejemplo es la tasa
de mortalidad infantil, en el barrio residencial de Pocitos es
del cuatro por 1000, similar a la tasa europea, mientras que en
el barrio de Nuevo París, ubicado en los suburbios de
Montevideo, la tasa alcanza al 40 por mil, niveles
africanos.
Un hecho que nos llamó poderosamente la atención es que los conductores de
autobuses y coches se detienen cuando una persona cruza
por la senda de peatones ! Es una muestra de respeto y
educación, y lamentablemente no conocemos ningún otro lugar de
Latinoamérica de donde podamos decir lo mismo, y menos aún en
Buenos Aires.
El jueves 23 de diciembre salimos de Montevideo en dirección a
Colonia para cruzar desde allí a Buenos Aires. Teníamos cinco
horas por delante hasta la salida del ferry, lo que nos
permitió recorrer Colonia en toda su extensión. Se trata de
una ciudad muy pequeña, diría que es más un pueblo que una
ciudad, con una parte colonial muy bonita y bien cuidada. Seis y
media de la tarde salió el ferry a Buenos Aires, poniendo punto
y final a nuestro paso por Uruguay.
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