LA TRISTE REALIDAD DE UN PAIS MUY POBRE |
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Bangladesh
es uno de los países más pobres, más densamente
poblado y menos desarrollado del mundo. Según un
estudio de Naciones Unidas, tomando el Producto Bruto
Interno, la tasa de alfabetización y la expectativa de
vida, Bangladesh ocupa el puesto 146 entre 173 países.
Esto da una idea de las paupérrimas condiciones de vida
de la gran mayoría de los habitantes de este país.
La población de Bangladesh es de alrededor de 130
millones de habitantes, de los cuales un 20% vive en las
ciudades y el resto en el medio rural. Se calcula que
unos 20 millones de personas conforman lo que se conoce
como "población flotante", gente que ni
siquiera posee un pequeño trozo de tierra para
cultivar, por lo que se ven obligadas a trasladarse
constantemente de un sitio a otro buscando la manera de
sobrevivir. Son los más pobres entre los pobres, comen
y duermen en las calles, viven de la mendicidad, y
carecen de futuro alguno. Estoy hablando de nada menos
que de 20 millones de personas...
La tasa de natalidad en el año 1999 era de 2.9, dato
positivo comparado con los 3.45 hijos que tenía de
promedio cada mujer en el año 1997 y especialmente con
los 6.3 nacimientos por mujer en el año 1975. Este
descenso en la tasa de natalidad se consiguió a través
de políticas de planificación familiar implementadas
por el gobierno con fondos procedentes de organismos de
ayuda internacional. El problema está en que a pesar de
este descenso, el crecimiento de la población es aún
muy elevado y la agricultura y la escasa industrialización
del país no son suficientes para absorber esta mano de
obra que se incorpora año tras año al mercado de
trabajo. Como consecuencia de ello, en el país hay cada
vez más pobres.
La industria textil es el sector que más puestos de
trabajo genera después de la agricultura, y la mayoría
de las fábricas se encuentran en los alrededores de
Dhaka y de Chittagong. Bangladesh es hoy en día el
principal proveedor de camisetas de Europa debido
principalmente a los bajos salarios que se pagan, 20 o
30 dólares por mes. El 90% de los más de un millón de
puestos de trabajo que las fábricas de ropa generan,
son cubiertos por mujeres muy pobres que están
obligadas a aceptar estos salarios de miseria para al
menos poder alimentar a sus hijos, siendo en muchísimos
casos el único ingreso familiar.
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EL
TRABAJO DE LOS NIÑOS EN BANGLADESH |
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La
cuestión del trabajo de los niños es muy compleja. Se
calcula que entre 50.000 y 100.000 trabajan en la
industria textil, y muchísimos más lo hacen en el
campo, en la construcción o simplemente se dedican a la
venta. Evidentemente estos niños no van a la escuela,
por lo que están condenados de por vida a ser
explotados en trabajos duros y mal remunerados o a
terminar conduciendo un ciclorickshaw en el mejor de los
casos.
El problema está en que en muchas ocasiones, el ingreso
que perciben los niños es el único sustento familiar
(en el caso de que tuvieran familia) y si dejan de
trabajar, la única alternativa que les queda para poder
comer es la mendicidad, la delincuencia o la prostitución.
El trabajo de los niños evidentemente es condenable,
pero en países tan pobres como Bangladesh, muchísimas
veces es la única forma que tienen de sobrevivir.
Aquellos que en el Primer Mundo se escandalizan porque
en países pobres como éste los niños trabajan y son
explotados sistemáticamente, más les valdría
preocuparse primero por cambiar el injusto sistema de
intercambio comercial que rige entre los países ricos y
pobres, responsable en gran medida de la situación de
estos niños. Si por ejemplo desaparecieran los
subsidios a la agricultura en los países desarrollados,
aumentaría el ingreso de las familias que viven de sus
cosechas en los países pobres y seguramente sus hijos
podrían ir a la escuela en lugar de tener que trabajar.
Y también deberían preguntarse quienes son los
principales beneficiarios del trabajo de estos niños,
aparte de los agricultores del Primer Mundo. La
respuesta es clara, las grandes cadenas de distribución
y las marcas comerciales que instalan sus fábricas en
estos países aprovechando la mano de obra barata, saltándose
la legislación laboral del país (si la hubiera) y
obteniendo enormes ventajas fiscales de parte de los
gobiernos corruptos de turno. De esta manera bajan los
costes de producción mientras aumentan los beneficios.
En un país pobre como Bangladesh, el tema del trabajo
de los niños debe ser analizado dentro del contexto y
de los intereses del propio país, de las necesidades de
su población y del mundo globalizado en el que vivimos,
y no aplicando solamente los principios morales que
rigen en los países del Primer Mundo.
Los niños deberían poder disfrutar de su infancia e ir
a la escuela en lugar de tener que trabajar, pero son
los países desarrollados, en gran medida los
responsables de esta situación, quienes tienen la
posibilidad y la obligación de que ello algún día sea
una realidad, no sólo en Bangladesh sino en todo el
mundo.
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Es
realmente una desgracia ser mujer en un país pobre y a
la vez musulmán como es el caso de Bangladesh. La
discriminación, ya sea por cuestiones económicas,
religiosas o culturales comienza desde la propia
infancia y se extiende durante toda su vida. Las niñas
no son tan bienvenidas al mundo como en el caso de los
niños, y en la mayoría de las ocasiones las familias
las consideran como una carga.
El sistema funciona de la siguiente manera: los padres
acuerdan el matrimonio a edades muy tempranas y desde
los doce o trece años en adelante las niñas son
obligadas a casarse. Como consecuencia de ello, los
padres deben pagar una dote en dinero, animales, granos
o tierras y las niñas abandonan su hogar para irse a
vivir a la casa de su nueva familia. Desde este momento,
quedan a las órdenes de la madre del marido en una
situación prácticamente de servidumbre. Esta es la
triste realidad de millones de niñas, jóvenes y
mujeres en Bangladesh y evidentemente no se trata sólo
de un problema económico, también es una cuestión
cultural.
Este sistema perverso también es el principal motivo
por el cual un 75% de las mujeres en Bangladesh no sabe
leer ni escribir, en comparación con el 50% de hombres,
me estoy refiriendo a casi 50 millones de personas... A
la hora de destinar los escasos recursos que una familia
posee para la educación de sus hijos, los niños son
los principales beneficiarios. Según las costumbres de
este país, carece de sentido invertir dinero en alguien
que en plena adolescencia abandonará el hogar al
contraer matrimonio para irse a servir a otra familia y
por quien inclusive sus propias familias deberán pagar
para que esto ocurra.
La mala alimentación (primero comen los hombres y si
algo queda, se lo reparten los niños y las mujeres),
los numerosos embarazos, la falta de atención médica y
el trabajo durísimo que están obligadas a realizar ya
sea en la casa, en el campo o en la construcción y
mantenimiento de las carreteras (picando piedras o cargándolas
en la cabeza o sobre sus espaldas), todo ello hace que
la expectativa de vida de las mujeres en Bangladesh sea
sólo de 56 años, por debajo de la de los hombres.
Si bien en Bangladesh la práctica del Islam no es
extremadamente ortodoxa, la presencia de la mujer pasa
casi inadvertida, exceptuando algunas zonas de Dhaka.
Las calles están siempre atestadas de hombres, son
ellos los que atienden los puestos en los mercados, las
tiendas comerciales, los que al atardecer salen a
caminar o a tomar una taza de té y quienes se dedican a
hacer las compras para la casa. La presencia de la mujer
se reduce a la actividad familiar y al trabajo en el
campo, y en un país en donde el 80% de la población
vive en el medio rural, significa que la inmensa mayoría
de las mujeres padece estas condiciones de aislamiento.
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| Familia
de una aldea |
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| Los
hombres son muy curiosos |
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| La
gente separa la basura para obtener algo de dinero |

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| Familia
trabajando junto al río |

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| Las
mujeres tienen hijos a temprana edad |

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| Viviendas
a orillas de los ríos |

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Old Dhaka, camino al mercado |
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CARRETERAS:
en bastante buen estado y asfaltadas. Hay una
sola autopista en todo el país, la que une
Dhaka con el puerto de Chittagong y Cox’s
Bazar, la zona más turística del país por sus
playas. Excepto en el tramo que va desde
Benapole (frontera con India) hasta Dhaka, en el
resto de las carreteras por las que transitamos
las señalizaciones están en bengalí. A medida
que nos vamos alejando de la capital se ven cada
vez menos coches y pasamos por pueblos en donde
el único medio de transporte es el
ciclorickshaw, aparte de las bicicletas, los
carros arrastrados por animales y alguna
motocicleta.
Conducir por las carreteras de Bangladesh es más
tranquilo que hacerlo por India o Pakistán y
aunque aquí las normas de circulación tampoco
existen, la gran diferencia está en que en
Bangladesh circulan muchos menos camiones. El tráfico
en Dhaka es también más civilizado que en
cualquier ciudad india o pakistaní, y el
principal problema es la cantidad increíble de
ciclorickshaws que circulan por toda la ciudad.
COMBUSTIBLE: el litro de gasoil cuesta unos
20 takas (0,28 euros). No hay problemas con el
suministro y aunque gasolineras no abundan, se
encuentran sin mucha dificultad.
MONEDA: un euro equivale a 71 takas
aproximadamente. No hay mercado negro y en Dhaka
se pueden encontrar fácilmente agencias
autorizadas para cambiar moneda extranjera y
unos pocos cajeros automáticos que aceptan
tarjetas de crédito (Visa y Mastercard) y de débito
(Maestro y Cirrus). Se pueden consultar las
direcciones de los bancos que operan con estas
tarjetas en las páginas web de dichas
entidades. En hoteles y restaurantes de Dhaka de
nivel medio-alto aceptan el pago con tarjeta de
crédito y también en algunas gasolineras.
TELEFONO MOVIL: al haber acuerdos con
operadores locales, los móviles de España se
pueden utilizar en Bangladesh. Excepto en Dhaka,
la cobertura en el resto del país es muy
deficiente.
INTERNET: hay muy pocos lugares en Dhaka
para conectarse a Internet. La velocidad es
lenta y la tarifa muy cara, 3 takas el minuto lo
que equivale a 2,50 euros la hora.
COMIDA: por razones geográficas e históricas,
es similar a la comida india de Calcutta y de la
provincia de West Bengal. Al ser Bangladesh un
país musulmán, se pueden encontrar platos que
incluyen carne de vaca, aunque el pollo sigue
siendo la base de nuestra alimentación. Hay
diferentes tipos de pan, por ejemplo chapati,
puri o paratha entre otros, y no sólo están
buenísimos sino que se puede echar mano de
ellos en cualquier momento y lugar. Al igual que
en India, las condiciones de higiene son básicas
o inexistentes.
VISADO: lo solicitamos en el Consulado de
Bangladesh en Calcutta. Se recoge en el mismo día,
y sólo hay que presentar el pasaporte con una
validez mínima de 6 meses y tres fotos. El
visado de turismo con una sola entrada cuesta 25
euros.
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| Casa
residencial en un barrio de Dhaka |

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| La
leña es una de las pocas fuentes de energía |
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