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NUESTRA PRIMERA NOCHE EN NEPAL
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Entre Kakarbhitta (frontera este con India) y Kathmandú hay 580
kms. Pasamos la noche en Janakpur, aprovechando que se encuentra
casi a mitad de camino. No vimos coches por ningún sitio durante
nuestro primer día de viaje en Nepal, sólo algunos camiones y
autobuses en la carretera y una enorme cantidad de ciclo-rickshaws
en todos los pueblos y aldeas por los que pasamos.
La pobreza es abrumadora, se ven familias enteras picando piedras
que extraen de los lechos de los ríos secos en esta época del año
y niños junto a las chozas correteando entre cerdos y vacas en
medio de la suciedad. Al no haber electricidad en la mayoría de
las aldeas por las que pasamos, la gente enciende leña junto a la
entrada de las viviendas, por llamarlas de alguna manera. Si a
todo esto le sumamos que ya se estaba haciendo de noche y que el
humo generado por el fuego envolvía las aldeas e invadía también
la carretera, el paisaje en el que nos encontrábamos era propio
de la Edad Media.
Llegamos por la noche a Janakpur y nos alojamos en el hotel Manaki
a escasos 200 metros del templo de la ciudad. A pesar de haber
sido inaugurado en el año 2003, el hotel está de pena. Janakpur
es un importante centro de peregrinación hindú y nuestra llegada
coincidió con el festejo del "Holi". Durante tres días
el templo permanece abierto las 24 hs para que la gente pueda
acercarse a orar y llevar sus ofrendas. La música estridente
procedente del templo que no dejó de sonar en toda la noche y la
presencia de un ser vivo escarbando entre la alfombra y la madera
del cajón de mi cama tratando de salir de su encierro, hicieron
que nos fuese imposible conciliar el sueño en toda la noche.
A la mañana siguiente antes de salir hacia Kathmandú, pasamos
por el templo no sólo para maldecir al cabrón que se encargaba
de la música, sino también para contemplar durante más de una
hora el continuo ir y venir de la gente, toda ella muy pobre, que
de camino a sus tareas en el campo o en el mercado hacía un alto
en el templo para rezar y entregar sus ofrendas.
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Entre
la dificultad de la carretera, los controles militares y los
atascos gigantescos de los últimos 30 kms, llegamos a Kathmandú
a las nueve de la noche a pesar de haber salido a las nueve y
media de la mañana para recorrer los 300 kms que nos faltaban.
Durante el trayecto, pasamos por un pueblo en donde nos tiraron
con un cubo de agua desde una casa ubicada junto a la carretera
sobre una pequeña colina. Pensamos que había sido una
coincidencia al pasar justo en el momento en que estaban lavando.
Pero estábamos equivocados, unos kilómetros más adelante unos
chavales apostados después de una curva arrojaban cubos y bombas
de agua a todo el que por allí pasase. Ya no era una coincidencia
ni tampoco una cuestión personal, Luisa recordó que se trataba
del festejo del "Holi", algo muy parecido al carnaval en
donde la costumbre es arrojarse agua.
En Kathmandú suelen echarle al agua tintura o colorantes, de esta
forma la ropa queda inutilizable. A la mañana siguiente de
nuestra llegada, en el hotel nos sugirieron que no anduviéramos
por la calle durante el día y eso hicimos. Salimos al atardecer y
no habíamos caminado ni cien metros cuando desde una moto nos
tiraron con una pistola de agua, menos mal que no tenía
colorantes.
Durbar Square es el corazón de Kathmandú, el centro que aglutina
los principales templos hindúes y el antiguo Palacio Real. Cuando
llegamos nos encontramos con una danza ritual en donde hombres con
máscaras que representaban dioses hindúes, no dejaban nunca de
moverse bajo los efectos del alcohol y las drogas. Para sentarse
necesitaban de la ayuda de alguien, era como si estuvieran ciegos,
y el cuerpo y las piernas les temblaban constantemente.
La plaza estaba custodiada por soldados con fusiles automáticos
parapetados detrás de sacos de arena, parecía que estuviéramos
en zona de guerra. Todo ello le daba un cierto aire enigmático al
lugar, máxime que era noche de luna llena y había muy poca gente
por los alrededores. Durbar Square es realmente un sitio único en
el mundo y más allá de la belleza arquitectónica, llama la
atención la gran cantidad y variedad de templos allí levantados.
Al día siguiente por la tarde volvimos a la plaza y para nuestra
sorpresa allí estaban todavía los enmascarados cada vez más
colocados y alcoholizados, danzando y moviéndose sin parar,
aunque ahora les era casi imposible mantenerse en pie. La gente
llevaba comida como ofrenda y también había en el suelo gallinas
degolladas y varias cabezas de cerdos, cabras y bueyes en medio de
charcos de sangre. Contemplar una escena de estas características
en un sitio como Durbar Square, era hallarse de repente en la Edad
Media.
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A
sólo 5 kms de Kathmandú se encuentra Patán, la segunda ciudad más
grande del valle. Cuenta con una larga tradición budista, prueba
de ello son los monasterios que hay en la ciudad. También se dice
que las cuatro estupas que se encuentran en las esquinas que
marcan los límites de Patan, fueron construidas por el gran
Emperador budista Ashoka alrededor del año 250 AC.
La plaza central, también llamada Durbar Square, alberga una
mayor concentración de templos por metro cuadrado que Kathmandú.
De forma rectangular, de un lado está el Palacio Real y frente a
él una continua sucesión de templos y estatuas que en su
conjunto le dan a la plaza un aspecto tal vez más bonito que
Kathmandú. Y por sobre todas las cosas, el aire medieval de la
ciudad realmente impresiona.
Visitamos también Nagarkot, un pequeño pueblo situado a 30 kms
de Kathmandú por un estrecho camino de montaña. Desde aquí se
tienen las mejores vistas del Himalaya pero en un día nublado
como el que nos tocó, tuvimos que apelar a la imaginación. Después
de no menos de tres horas viendo pasar las nubes, decidimos
regresar a Kathmandú.
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Situada
a 200 kms al oeste de Kathmandú, Pokhara es un remanso de paz y
tranquilidad, especialmente después de haber viajado durante los
últimos tres meses y medio por países como Pakistán, India y
Bangladesh como es nuestro caso. El segundo lago más grande de
Nepal, el Phewa Tal, y la cadena de los Annapurna dominan
ampliamente el bello paisaje de la ciudad.
Luisa decidió hacer un pequeño trekking hasta Sarangkot para
poder ver los Annapurna ya que desde Pokhara era imposible debido
a las condiciones climáticas. Levantarme a las siete de la mañana
y caminar durante tres horas para ver montañas, evidentemente no
es lo mío, por lo tanto decidí quedarme en la habitación del
hotel disfrutando de las vistas del lago, que por cierto lo tenía
justo enfrente.
Luisa regresó al hotel a las cinco de la tarde totalmente
frustrada por no haber podido ver los Annapurna por culpa de las
nubes, tenía los pies hinchados de tanto caminar y una enorme
ampolla entre los dedos de un pie. Ese día jamás lo olvidaremos,
fue el 11 de Marzo, día de los atentados en Madrid.
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PARQUE NACIONAL DE CHITWAN Y SALIDA DE NEPAL
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Decidimos
alojarnos en un hotel en Sauraha, una pequeña aldea a orillas del
río Rapti justo frente al Parque Nacional más famoso del Nepal.
El sitio es tranquilo y agreste, y el hotel cuenta con
confortables cabañas de madera rodeadas de vegetación. Hicimos
un recorrido de 5 horas en jeep para ver los rinocerontes, aunque
nos quedamos con las ganas de ver los tigres y leopardos que
habitan en el parque.
Por la noche fuimos hasta el centro de la aldea distante a 500
metros del hotel para conectarnos a Internet. A nuestro regreso al
hotel, nos avisaron que habían visto un leopardo en la entrada y
que por poco no nos cruzamos con él. Demás está decir que al día
siguiente el trayecto lo hicimos en el Toyota.
Ahí comprendimos que el muro de cemento y alambre de espinos que
rodea el hotel, está más que nada para evitar la entrada de los
animales salvajes que merodean por la noche. En el hotel nos
comentaron que hace un par de meses una persona del lugar que iba
por la noche en moto, chocó contra un pequeño rinoceronte y
terminó en el hospital con fracturas múltiples.
El domingo 14 de marzo dejamos atrás Chitwan y abandonamos
finalmente Nepal. Recorrimos los 150 kms que nos separaban de
Sunauli junto a la frontera con India sin cruzarnos prácticamente
con ningún coche, sólo vimos ciclorickshaws, bicicletas y alguna
que otra motocicleta. Es la tercera vez durante el viaje que
entramos a la India, anteriormente cruzamos la frontera desde
Pakistán y desde Bangladesh. Esta vez entramos desde Nepal para
dirigirnos a Varanassi.
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La
Mahendra Highway atraviesa la región del Terai, una
franja de tierra fértil y estrecha, por debajo de los 500
mts de altitud, que discurre de oeste a este del Nepal
entre la frontera con India al Sur y la zona montañosa
del país al Norte. Entramos a Nepal desde Sikkim, es
decir por el Este, y los primeros 250 kms están en muy
buenas condiciones, asfaltados, y con muy poco tráfico.
Para llegar a Janakpur, tuvimos que salir de la Mahendra
Highway y desviarnos 30 kms al Sur. Este tramo está
fatal, lleno de baches y piedras de todos los tamaños.
Volvimos a la Mahendra Highway, desde el cruce a Janakpur
recorrimos alrededor de 130 kms también en muy buenas
condiciones y llegamos a un pueblo llamado Pathlaiya. Aquí
nos desviamos hacia el Norte por la Tribhuvan Highway que
sube desde Raxaul Bazaar/Birganj, paso fronterizo con
India, y sólo quedan 170 kms para llegar a Kathmandú,
pero ahora las cosas cambian.
La Tribhuvan Highway es bastante complicada, hay muchas
curvas y largos tramos sin asfaltar con enormes socavones,
aunque al menos permite el paso de dos vehículos en la
mayor parte del trazado. Pero sin ninguna duda lo más
destacable son las vistas espectaculares que pueden
contemplarse durante todo el recorrido.
Las altísimas montañas que conforman el Himalaya se
alternan con enormes valles de una belleza increíble. Al
ser un día soleado, tuvimos la suerte de ver el Monte
Everest desde un sitio de la carretera a 2500 mts de
altura. Las ascensiones y los descensos son constantes, y
en un tramo de 60 kms bajamos nada más y nada menos que
2300 metros! Realmente vale la pena hacer este recorrido,
de día y sin apuro.
La Tribhuvan Highway termina en el cruce con la autopista
Pokhara – Kathmandú y para recorrer los últimos 30 kms
que nos quedaban, tardamos casi dos horas. Los controles
militares que hay permanentemente instalados a la entrada
de la ciudad generan unos atascos infernales, agravados
por la enorme cantidad de tráfico que aquí confluye y
especialmente por la impaciencia de los conductores, que
lejos de esperar ordenadamente, adelantan por el lado
contrario de la carretera e inclusive por ambos arcenes,
bloqueando de esta forma el camino. No pueden negar el
origen indio de la mayoría de ellos !!!
Desde Kathmandú a Pokhara hay 206 kms de distancia a través
de la Prithvi Highway. La carretera está en buenas
condiciones, se circula sin problemas y los paisajes de
montaña son espectaculares. Desde Pokhara hasta Sauraha
en el Chitwan National Park (150 kms) y desde ahí hasta
Sunauli en la frontera con India (155 kms), el camino no
presenta inconvenientes.
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COMBUSTIBLE:
el litro de gasoil cuesta más o menos 31 rupias, o sea
0,36 euros. No hay problemas de suministro, y el único
inconveniente es encontrarse con las gasolineras cerradas
por las huelgas generales que constantemente se convocan
en Nepal.
MONEDA: 1 euro equivale a 86 rupias. Tanto en
Kathmandú como en Pokhara se puede sacar dinero de los
cajeros automáticos con tarjetas de crédito (Visa y
Mastercard) o débito (Maestro y Cirrus), y también hay
agencias de cambio de moneda extranjera. Las tarjetas de
crédito sólo son aceptadas en restaurantes y hoteles de
nivel medio-alto, y el combustible hay que pagarlo en
efectivo.
TELEFONO MOVIL: al NO haber acuerdos entre Movistar
y los operadores locales, el teléfono móvil no pudimos
utilizarlo durante nuestra estancia Nepal. A diferencia de
Irán, en donde directamente está prohibido utilizar teléfonos
dados de alta en el extranjero, en Nepal es por una cuestión
de acuerdos entre operadores. A pesar de lo que dice la
web de Movistar, el teléfono móvil no funciona en Nepal.
INTERNET: es caro y la conexión lentísima,
especialmente fuera de Kathmandú.
COMIDA: básicamente es muy parecida a la comida
india. De todas formas, si uno ya está harto del picante,
del curry y del masala, en Kathmandú y especialmente en
Pokhara se pueden encontrar restaurantes de comida
italiana. Claro está que los nepalíes no tienen mucha
idea acerca de cómo se hace una pizza, pero al menos
sirve para cambiar de sabor.
VISADO: lo solicitamos en la Oficina de Turismo de
Nepal en Madrid, que en realidad es una agencia de viajes.
Lo entregan en el momento, cuesta 30 dólares al cambio en
euros, tiene 6 meses de validez con una sola entrada y 60
días de permanencia en el país. También se puede
solicitar en la frontera.
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