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05-03-04 Sábado 2350 hs Desde
Khatmandu (Nepal)
Después de nuestro paso por Nepal, una vez en India el primer paso es conseguir el permiso para entrar en Sikkim, zona limítrofe con China y aún en disputa. Aquí conviven hinduistas y budistas, gente con
rasgos indios y otros de origen nepalí o tibetano. El paisaje montañoso y la conformación étnica de la población nos hacen pensar que no estamos en la India. Gangtok,
capital de la provincia de Sikkim en donde viven 30.000 habitantes, se levanta sobre la falda de la montaña a 1875 metros. Sus calles son estrechísimas y a diferentes
niveles de altura, un problema para conducir a pesar de que por suerte están prohibidos los rickshaws, auto-rickshaws, ciclo-rickshaws y los carros tirados por animales.
Una de las atracciones principales de Gangtok es ver el monte Khangchendzonga de 8598 mts de altura, el pico más alto de la India y el tercero en el mundo, pero el clima
nos lo impide.
Visitamos el Monasterio de Rumtek en nuestro primer contacto con el mundo budista, sitio de residencia oficial del Gyalwa Karmapa y cabeza de la orden Kagyu del
Budismo Tibetano. Cuestiones políticas, con China de por medio, impiden actualmente que la diecisiete
reencarnación del Gyalwa Karmapa pueda ocupar su trono en Sikkim y transformarse en la persona más importante del Budismo Tibetano después del Dalai Lama.
De Gangtok hacemos alrededor de 200 kms para llegar a Peeling, a 1875 metros de altura. La carretera, en parte asfaltada, es una suma de curvas, puentes colgantes,
caídas de agua, deslaves, precipicios profundos y el camino es tan estrecho que en muchos tramos sólo permite el paso de un coche a la vez. Visitamos el Monasterio de
Pemayangtse, uno de los más antiguos de Sikkim, y el lago Khecheopalri, sagrado tanto para los budistas como para los hinduistas. Volvemos por Yuksam y Tashiding
para completar el circuito, aunque en estos dos sitios no nos detenemos porque se nos viene la noche encima. Al mediodía siguiente salimos en dirección a Naya Bazar
(70 kms) para abandonar Sikkim, pasamos un control de policía en donde nos sellan los pasaportes y emprendemos el camino a Darjeeling.
Son las dos y media de la tarde del miércoles 3 de marzo de 2004, fecha que quedará en mi recuerdo porque dudo que pueda volver a encontrarme con un camino como
éste. En sólo 21 kms que nos separan de Darjeeling, subimos desde los 400 metros de altura hasta los 2134 mts por un camino de curvas y rampas empinadísimas,
alternando tramos de tierra y piedra con cortos tramos de asfalto llenos de socavones. Las curvas son tan cerradas que me impiden girar en una sola maniobra teniendo
que dar marcha atrás en varias oportunidades, y al costado del camino sólo se ven plantaciones de té o un precipicio sin final que a más de uno le daría un infarto debido a
su profundidad.
Y lo peor de todo es que el camino sólo permite el paso de un vehículo y a veces hasta resulta estrecho para nuestro Toyota, teniendo que circular con dos ruedas por el
mismo borde del precipicio. De frente nos cruzamos con tractores y jeeps que transportan a la gente de un sitio a otro y cuando el encuentro no se da en algunas de las
aldeas de la montaña, debemos dejarnos caer por el camino hasta algún lugar no tan estrecho que permita el paso de ambos. Tardamos dos horas en hacer los 21
kms, pero para mí fueron una eternidad difícil de olvidar y por supuesto, llegamos casi de noche.
Llegar a Darjeeling (110.000 habitantes) es volver a sentirse en India, una ciudad sucia, animales sueltos por las calles, gente por todos los sitios y un tráfico caótico
agravado por el hecho de ser una ciudad de montaña. Al mediodía siguiente recorremos los 95 kms que nos separan del puesto fronterizo de Panitanki/Kakarbhitta, y luego
de realizar los trámites aduaneros que nos llevan una hora y media (hasta hoy en ninguna frontera tardamos tan poco tiempo) entramos al Nepal.
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