TAILANDIA I
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Jueves 24-06-04 1615 hs. Desde Chiang Mai

El viernes pasado dejamos Chiang Mai para ir hasta Mae Hong Son, un pueblo de 10.000 habitantes junto a la frontera con Myanmar. En lugar de recorrer los 400 kms de distancia por la carretera nacional, optamos por desviarnos a través de un camino de montaña muy poco transitado y atravesar el Parque Nacional de Doi Inthanon. El paisaje es realmente espectacular, son más o menos 150 kms de constantes subidas, bajadas y curvas en medio de una abundante y espesa vegetación.

Cuando llevábamos recorridos unos 320 kms y sólo nos faltaban diez para salir a la carretera principal que sube hasta Mae Hong Son, olimos a quemado y el coche comenzó a perder fuerza. Durante casi cinco kilómetros aprovechamos el impulso de las bajadas para poder subir los pequeños repechos que aún nos quedaban por delante, pero llegó un momento en donde el coche no avanzaba ni siquiera en primera marcha en los tramos llanos del camino. Evidentemente se había quemado el disco de embrague que cambiamos en Kuala Lumpur...

La situación era preocupante, eran casi las seis de la tarde y pronto oscurecería, estábamos aparcados (mejor dicho, tirados) en el pasto al costado de un camino por el que no pasaba nadie, en subida, y nos quedaban 5 kms para llegar a Khun Yuam, un pueblo en donde no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Lo único positivo (para mí) era que al menos tenía cigarrillos y el teléfono móvil con cobertura...

Antes de poner en marcha el plan B, o sea ir caminando hasta el pueblo, conecté la reductora del Toyota y en primera corta y a paso de hombre el coche comenzó a moverse. Cuando nos quedaban dos kilómetros para llegar, vimos lo más parecido a un taller mecánico junto al camino, increíble. No había forma de hacerles entender cual era el problema que tenía el coche, sabían sólo dos palabras en inglés y nosotros una en tailandés. Le pedí a un chaval que tratara de hacer andar el Toyota, y ahí por fin se dieron cuenta que estaba sin embrague. Quedamos en volver al día siguiente para que lo reparasen.

En el pueblo a dos kilómetros del taller había una bonita guest-house, limpia y con agua caliente, aunque la cama era como la de los Picapiedras y no tenía televisión para ver la Eurocopa... Pasamos la noche allí y a las ocho de la mañana estábamos otra vez en el taller, aunque bien podría ser un depósito de chatarra por la cantidad de restos de coches abandonados. También el lugar se podía confundir con un pequeño zoológico, gallinas, perros, patos, mosquitos, arañas, un pájaro enjaulado, hormigas y hasta un mono se paseaban durante todo el día de un lado a otro.

El taller no tenía foso y menos aún elevador, en consecuencia bajar el cambio y desmontar el embrague les llevó un trabajo enorme. A la una del mediodía hicieron un alto para comer, teniendo en cuenta que el embrague nuevo lo mandaron a pedir a Mae Hong Son (70 kms de allí) y hasta las 3 de tarde no lo recibían.

Las personas que había en el taller parecían salidas de una serie de dibujos animados. En total eran tres hombres y un chaval, quien se pasó la mayor parte del tiempo debajo del coche. Uno de ellos iba a cada momento al pueblo en moto a comprar comida, aparte de darle a Luisa revistas de coches en thai para que se entretuviera mirando las fotos... Otro, en cuanto terminó al mediodía de pintar un coche, se colgó el mono al cuello y no paró de acariciarlo y hablarle durante todo el tiempo. El dueño del taller era el más normal de los tres, pero bebía whisky con agua a cada momento excepto cuando estaba debajo del coche. Por cierto, el mono también era adicto al whisky.

El colmo fue cuando apareció un chipriota de no más de 50 años con una botella de whisky bajo el brazo, era el marido de la hermana del dueño del taller. Llevaba varios años viviendo en Chiang Mai, después de haber residido la mayor parte de su vida en Inglaterra. Según él, lo mejor de Tailandia eran las discotecas y se jactaba de haber chocado con el coche hace varios años en Inglaterra por conducir borracho. Como consecuencia de ello tenía unas cuantas marcas en la cara y había quedado sordo de un oído, pero lo más evidente aunque no lo mencionó era la tara mental que padecía, agravada seguramente por el excesivo consumo de alcohol.

Eran más de las ocho de la noche y el coche aún estaba desarmado. Después de haber estado todo el día en el taller, resultaba evidente que era la primera vez que esta gente tenía para reparar un coche como el nuestro. Para colmo de males, en la Toyota de Mae Hong Son no tenían el disco de embrague para nuestro coche, por lo tanto estaban poniendo uno de la marca Isuzu que supuestamente era igual... Al final nos dicen que el coche iba a estar terminado el domingo a la tres de la tarde, o sea que no nos quedaba otra alternativa que pasar una noche más en Khun Yuam.

Cuando ya parecía que nos quedábamos a vivir en el pueblo, el domingo a las seis de la tarde nos entregaron el Toyota reparado. En realidad es sólo una expresión, porque las marchas entraban forzadas, al salir en primera el coche temblaba y lo peor de todo era el olor a quemado que se olía cada tanto. Según el dueño del taller, todo esto era normal al ser el embrague nuevo (...) pero por las dudas nos sugirió que lo hiciéramos revisar en Chiang Mai... Si bien el panorama no era muy alentador, decidimos irnos de Khun Yuam como sea.

Recorrimos los 70 kms que nos separan de Mae Hong Son y pasamos la noche allí. El lunes fueron 170 kms de montaña hasta Pai, la carretera de las 2000 curvas. El paisaje es espectacular, tanto como las subidas y bajadas que convierten el recorrido en una especie de montaña rusa. Después de hacer los últimos 130 kms, el martes llegamos a Chiang Mai y por supuesto lo primero que hicimos fue buscar el concesionario de Toyota. Esta mañana fuimos a buscar el coche ya reparado y ahora sí va todo bien. En 45.000 kms que llevamos recorridos desde que salimos de Madrid es el primer problema que tenemos con el coche, aunque claro está que por culpa del taller de Kuala Lumpur que puso un disco de embrague que no era el que correspondía. 

 



Triángulo de Oro, punto de unión de los tres países


Aspecto que presentaba el taller...



No nos quedó claro quién de los dos era el que trabajaba en el taller



Mae Ya Waterfall en el Parque Nacional de Doi Inthanon




Mahte, 53 años y 9 hijos, lleva 25 años viviendo como refugiada. Aún tiene esperanzas de poder volver algún día a Myanmar



Conversando con la hija de Mahte, de 18 años, que habla bastante bien castellano e inglés



Niños de la aldea de Nai Soi. La niña lleva en la cara una pasta dorada que sirve para protegerse del sol y atraer la buena suerte

 


Domingo 04-07-04 1830 hs. Desde Ko Samui

A 35 kms de Mae Hong Son se encuentra Nai Soi, la aldea de las mujeres Padaung. Originarias de Myanmar, pertenecen a la tribu de los Karen y comenzaron a llegar a Tailandia hace ya más de 20 años perseguidas por la dictadura militar de aquel país. Se caracterizan por llevar anillos de latón en el cuello que pueden llegar a pesar hasta 5 kgs., y también los usan en los brazos y en las piernas.

A diferencia de lo que generalmente se cree, estos aros no producen un alargamiento del cuello (de hasta 30 cms) sino que en realidad provocan un aplastamiento de la clavícula y de las costillas. Las niñas Padaung empiezan a llevar los anillos a los 6 años y añaden uno o dos cada año hasta la edad de 16. Una vez ajustados deben usarlos toda la vida porque quitarlos les provocaría la rotura del cuello y la asfixia, aunque tienen la posibilidad hasta la adolescencia de dejar de usarlos sin sufrir daño alguno. Las mujeres Padaung usan cañas para beber y duermen de lado apoyando la cabeza y los anillos en un pequeño banco de madera. Las niñas no están obligadas a llevarlos aunque claro está, no son ellas las que deciden sino sus padres. Una vez más, una práctica brutal se ve justificada en nombre de las costumbres y las tradiciones, y cuando no en la religión.

En la actualidad se calcula que la mitad de las mujeres Padaung llevan aros en el cuello. Hay quienes sostienen que el turismo también influye en el mantenimiento de esta tortura, pues yo era uno de los que así pensaba hasta que estuve allí y vi la realidad de esa gente. Desde el momento en que los turistas son su principal fuente de ingresos, no es descabellado suponer que mantienen esta brutal costumbre en parte también por una cuestión económica. Pero la cuestión va mucho más allá de eso.

En Nai Soi viven sólo 250 personas y es un conjunto de chozas en donde las mujeres Padaung posan para las fotos y venden artesanías fabricadas por ellas mismas. Para ello cuentan con el permiso de las autoridades locales, para quienes no dejan de ser una atracción turística más de Tailandia. Lo primero que nos sorprendió al entrar a la aldea, después de pagar algo más de 5 euros en la entrada, es la pobreza en la que vive esta gente. Si bien tienen electricidad, sólo disponen de primitivas chozas hechas de bambú y hojas de palma en donde las familias viven apiñadas

Conocimos a una chica Padaung de 18 años que atendía un puesto de artesanía junto a su madre. Como hablaba bastante bien castellano e inglés debido al contacto con los turistas, nos quedamos largo rato con ellas preguntándoles acerca de sus vidas. Llevan viviendo 9 años en Nai Soi, aunque la madre junto al resto de la familia hace 25 años que tuvo que huir de Myanmar. Previamente vivieron en otra aldea de 20.000 refugiados a 6 kms de allí, a la cual los turistas tienen prohibido el acceso.

En Nai Soi los niños pueden asistir a la escuela durante cuatro años, luego deben viajar a la otra aldea para estudiar otros 6 años más, aunque muy pocos tienen la posibilidad de hacerlo. Debido a su condición de refugiados, los habitantes de Nai Soi sólo pueden trasladarse hasta la aldea vecina, también de refugiados, y en caso de querer ir hasta Mae Hong Song (35 kms), deben solicitar permiso a las autoridades militares locales y sólo pueden hacerlo los hombres y las mujeres que no llevan anillos en el cuello, debiendo regresar a Nai Soi en el mismo día por tener prohibido pasar la noche fuera de la aldea.

Tampoco nadie intenta infringir las normas o escapar de allí, las autoridades tailandesas toman represalias contra los familiares que quedan en las aldeas y automáticamente son deportados a Myanmar, en donde les espera la tortura y la cárcel como mal menor. Los habitantes de Nai Soi, al igual que los refugiados de la aldea vecina, tienen prohibido poseer tierras, cortar árboles, criar animales y moverse libremente de un sitio a otro. Su único ingreso procede del turismo, para lo cual están organizados en forma de cooperativa.

Si bien lo que nos llevó a Nai Soi fue el conocer a las mujeres Padaung con sus largos cuellos cubiertos de anillos, pronto nos dimos cuenta que lo que en realidad estábamos viendo eran las terribles condiciones de vida en un campo de refugiados. Que los padres continúan obligando a las niñas a usar los anillos en el cuello porque es la forma de obtener beneficios económicos ? No lo sé, pero ésa no fue la impresión que tuvimos. Inclusive la chica con la que hablamos nos dijo que ella era libre de quitárselos pero que no lo hacía porque le gustaba llevarlos, y varias niñas de la aldea tampoco los usaban.

Más allá de la pobre situación económica que padecen, lo realmente triste para esta gente es vivir en una tierra que no es la suya, literalmente encarcelados entre Myanmar y Tailandia, y sin libertad ni esperanzas de futuro alguno, que por cierto tampoco depende de ellos. Sólo hay que mirarles a los ojos cuando uno deja la aldea para ver el gesto de resignación que transmiten, nosotros podemos entrar y salir de allí cuantas veces queramos, ellos no. En nuestro recuerdo quedará el sufrimiento de esta gente, los anillos al fin y al cabo... es lo de menos.


Templos budistas en Mae Hong Son


Las mujeres elaboran los artículos que ofrecen a los turistas


Doi Tung, mujeres Akha, una de las nueve tribus que habitan en el norte de Tailandia. Al lado de Luisa, parecen de la tribu de los pigmeos...