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Tokyo es una
ciudad sorprendente desde todo punto de vista, en
especial después de recorrer durante los últimos
cuatro meses países como India, Nepal, Bangladesh
o Pakistán. Hace unos seis años estuvimos por
primera vez en Tokyo y en aquella oportunidad
recuerdo que no nos llamó tanto la atención como
ahora, son tan grandes las diferencias sociales,
económicas y culturales con esta parte de Asia
que es como haber viajado a otro mundo o a otra época.
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Tampoco es
mi intención establecer una comparación entre la
capital de uno de los países más desarrollados
del planeta y Calcutta, por poner un ejemplo,
porque sería demasiado absurdo. Pero muchas cosas
de Tokyo llaman realmente la atención de
cualquiera, venga de donde venga, aunque desde un
punto de vista subjetivo no todas ellas son para
valorar positivamente o para imitar.
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Por ejemplo,
se calcula que en todo Japón existen unas veinte
millones de máquinas expendedoras de cualquier
cosa que uno se pueda imaginar, tabaco, bebidas,
paraguas, billetes de tren o metro, pañuelos,
cepillos de dientes, comida, maquinillas de
afeitar, carretes de fotos, etc. La mitad de ellas
están en Tokyo y diez millones de máquinas por
supuesto que no pasan desapercibidas. Forman parte
del paisaje de la ciudad, están por todas las
calles e inclusive hay locales comerciales que sólo
cuentan con máquinas expendedoras.
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Por
una cuestión de espacio, Tokyo es una ciudad construída
hacia arriba. Es innumerable la cantidad de edificios
altos que hay, pero lo que más llama la atención es
encontrarse con que en el primer piso hay un
restaurante, en el segundo un McDonalds, en el tercero
una tienda de modas, en el cuarto un salón de belleza,
en el quinto una zapatería, en el sexto otro
restaurante, en el séptimo una joyería y en el octavo
una cafetería. Tener que subir por ascensor a un quinto
piso para comprar un par de zapatos es algo impensable
en cualquier parte del mundo, excepto en Tokyo.
En algunos
edificios cercanos a las principales estaciones de tren
o metro, funcionan sitios con acceso a internet que
tienen también biblioteca con miles de ejemplares, pero
en lugar de libros lo que allí se pueden leer son
mangas (comics japoneses para todas las edades). A 50
metros de nuestro hotel, situado frente a la estación
de Ikebukuru (dos millones de personas pasan por allí
al día), hay uno de estos sitios ubicado en el quinto y
sexto piso de un edificio, abierto todos los días las
24 horas. Cuenta con grandes salas y cabinas
individuales, sillones reclinables, gaseosas y café
gratis (es autoservicio, por lo tanto uno se sirve las
veces que quiera), se puede comer mientras uno está
leyendo o directamente poner el plato junto al teclado
del ordenador.
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De
ocho de la mañana a diez de la noche se paga por
hora, y fuera de este horario existe una tarifa
plana. Conviene aclarar que la mayoría de la
gente vive en las afueras de Tokyo, el metro y el
tren son los medios de transporte más utilizados
(veintidos millones de personas lo utilizan cada día),
los taxis son muy caros y en general son pocos los
coches particulares que circulan por la ciudad.
Pues bien, cuando dejan de funcionar el metro y el
tren pasadas las doce de la noche, estos sitios se
llenan de gente que no sólo acude aquí para leer
un manga o navegar por internet, sino que
aprovecha para dormir a la espera de que se
reanude el servicio de transporte a eso de las
cuatro y media de la mañana o directamente se va
desde aquí a su trabajo.
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El
consumo es otra cosa que llama poderosamente la
atención. La oferta es ilimitada, enormes centros
comerciales abundan por toda la ciudad,
restaurantes y cafeterías se pueden encontrar en
cada calle, las tiendas de marcas famosas están
por todas partes y lo más llamativo de todo es
que siempre hay gente consumiendo en todos los
sitios y a cualquier hora del día. Resulta
bastante fuerte encontrarse con una tienda "Barbie"
que venda ropa, complementos y zapatos sólo de
color rosa... y quien no lleve un bolso o
cualquier artículo con el nombre de Louis Vutton,
no puede considerarse habitante de Tokyo.
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Akihabara
es el centro de la electrónica por excelencia, aquí se
puede encontrar todo lo que uno pueda llegar a
imaginarse, pero no sólo llama la atención la variedad
sino la cantidad. Hay edificios de siete u ocho plantas
que ofrecen desde teléfonos móviles o cámaras
digitales hasta lavadoras, otros que sólo se dedican a
videojuegos y software y hay tiendas que venden
exclusivamente cables conectores de todo tipo, todo lo
que hoy en día existe en el mundo de la electrónica se
puede conseguir en Akihabara, aunque en cantidades
suficientes como para abastecer al planeta. Si existe en
el mundo una sociedad que pueda calificarse de
consumista, no hay ninguna duda que los habitantes de
Tokyo se llevarían el primer premio.
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En
la cultura japonesa el suicidio es un honor y
evita la deshonra de la familia. En el año 2000
se suicidaron 32.000 personas y otras 30.000 en el
2002. En la mayoría de los casos los suicidios
están relacionados con la presión en el ámbito
laboral y estudiantil, y afecta a personas de
todas las edades, especialmente del sexo
masculino. Algunos de los edificios más
utilizados por los suicidas cuentan con enormes
colchones de plástico que se inflan rápidamente
de forma automática, son del mismo tipo que los
que utilizan los bomberos para estos casos.
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En ninguna
ciudad hemos visto nunca tantos baños públicos,
por lo general están ubicados en las estaciones
de metro o tren y en los centros comerciales, pero
también los hay en las calles. Los de estilo
japonés son con agujero, y los de estilo
occidental con wáter (inodoro). Mención especial
merece la tapa de los wáteres. Al sentarse uno
sobre ella, automáticamente sale agua para
enjuagar la taza, y tiene también una serie de
botones al costado que al apretarlos, hace que la
tapa se caliente o que salga agua templada como si
fuese un bidet. En el colmo de la sofisticación,
algunas también cuentan con un botón que cuando
se aprieta, sale una música destinada a tapar los
ruidos...
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La
limpieza, el orden, la ausencia de ruidos, la educación
y el respeto de la gente por los demás, son en general
características que definen a los habitantes de Tokyo.
Se ven pocos coches circulando por las calles, pero la
mayoría son de gama alta o de lujo. Es evidente el alto
poder adquisitivo de la gente, sólo basta con ver el
desenfrenado consumismo existente. Pero también habría
que decir que la gente en Tokyo trabaja muchísimas
horas al día, dispone de muy pocos días de vacaciones
al año y la presión laboral es una realidad. De todas
formas, es indudable que se trata de una de las ciudades
más modernas e imponentes que se pueden conocer.
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