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Estábamos a 25 kms de Batumi, por lo que decidimos dirigirnos
hacia allí para pasar la noche. Aclaro que tampoco había ningún
otro sitio para hacerlo. No habíamos llegado a hacer ni dos kilómetros
cuando en la primera rotonda, nos detuvo un control policial.
Tras acercarse un policía y pedirnos la documentación, me hizo
acompañarlo hacia donde se encontraba sus compañeros, unos
ocho en total. Demás está decir que ningún policía en toda
Georgia sabe mas de dos palabras en inglés, “money” y
“problem”. Después de mirar el Carnet de Conducir
Internacional, me pidió $50 para no tener problemas hasta
Batumi (25 kms...), a lo que por supuesto me negué. Teniendo en
cuenta que ya llevaba una media hora allí detenido, que estaba
por oscurecer, que el policía sólo decía “problem” y que
no me quería devolver la documentación, acepté darle 10 euros
porque de otra forma aún estaría discutiendo en ese control.
De allí en adelante nos volvieron a parar dos veces más, en
este caso policías apostados al costado de la carretera que en
cuanto nos veían llegar, empezaban a tocar el silbato de forma
continuada hasta que nos deteníamos. Cinco minutos negándome a
darles dinero argumentando que ya había pagado $50 en el
control anterior para no tener problemas, sirvieron para poder
continuar el viaje hasta Batumi. En resumen, para recorrer estos
25 kms tardamos casi dos horas, porque había que ver también
la carretera en que estado lamentable se encontraba.
Lo primero que nos llamó la atención de Batumi fue la
oscuridad, costaba acostumbrar la vista a tan poca luz. Y es que
no sólo no la había , sino que aquellas bombillas que sí
estaban encendidas, parecían velas. Otro hecho para mencionar
es el aspecto ruinoso y decadente de la edificación y de las
calles, todo muy venido a menos. Luego comprobamos que tanto la
falta de electricidad como el nulo mantenimiento de las
carreteras, los edificios y las ciudades en general, son
problemas que afectan a toda Georgia, no sólo a Batumi.
A la mañana siguiente mientras recorríamos en el Toyota el
centro de la ciudad, fuimos detenidos en dos oportunidades por
la policía, ambas para pedirnos dinero. Había que verles las
caras de felicidad cuando nos veían aparecer .... En una de las
ocasiones, y después de regatear todo lo que se podía, tuve
que darles 10 laris (5 euros) porque según el policía, había
hecho un giro prohibido en una rotonda y a pesar de que yo iba
siguiendo a los que iban delante de mí, no es difícil imaginar
a quien hicieron detener... Lo más increíble de todo fue que
para darles el dinero, y teniendo en cuenta que el lugar estaba
lleno de gente, hicieron bajar de un taxi al conductor para allí
mismo dentro del taxi, un policía y yo pudiésemos pasar más
desapercibidos, como si nadie se imaginase de que iba la
historia !!!
Finalmente decidimos emprender los 150 kms que nos separaban de
Kutaisi, segunda ciudad en importancia de Georgia después de su
capital, Tbilisi, y en donde nos encontraríamos con Zura y su
familia. En este tramo fuimos detenidos por la policía 10 veces
!!! En algunas ocasiones eran controles fijos con barreras incluidas,
pero la mayoría de las veces eran policías apostados al borde
de la carretera, esperando a sus víctimas. Cuando detenían algún
coche georgiano, el conductor directamente bajaba del vehículo
y sin ningún tipo de disimulo, primero le estrechaba la mano y
acto seguido le entregaba dinero.
Afortunadamente pudimos evitar pagar en casi todos los
controles, excepto en uno. Estaba lloviendo y nos cruzamos con
dos policías que estaban de espaldas a nosotros, mirando en
sentido contrario de la carretera. Cuando vieron la matrícula
trasera del Toyota, empezaron a tocar el silbato desaforadamente
y claro está, tuve que detenerme. Como entre los policías y
nosotros había quedado una distancia de 100 metros, no tuve
mejor idea que retroceder sin saber que una de las dos luces
blancas del Toyota, que indican la marcha atrás, no funcionaba.
Tras indicarme la infracción cometida ..., me hizo subir a su
coche, me entregó un papel en georgiano en donde sólo podía
entender “45 laris”, y me explicó que tenía dos
alternativas: o le daba a él 50 laris (25 euros) y asunto
terminado, o bien tenía que ir al banco más cercano que estaba
a unos 6 kms de distancia (y era sábado...), pagar la multa y
regresar para entregarle el recibo a cambio de mi pasaporte.
Como opté por la segunda alternativa sabiendo que la primera
era un farol, el policía no tuvo mejor idea que decirme que el
coche quedaba inmovilizado y que tenía que ir caminando o
conseguirme un taxi !!! Ahí empezó una discusión a los
gritos, en el medio de la carretera, aunque la verdad es que ni
ellos ni yo entendíamos nada de lo que nos decíamos. De buenas
a primeras uno de los policías se guardó mi pasaporte y se
puso a detener a otros vehículos, haciendo como si yo ya no
estuviera allí. Finalmente llegué a un acuerdo con el otro
policía y le pagué 25 laris (12,50 euros) pero allí empezó
otra discusión, esta vez entre ambos policías porque quién
tenía mi pasaporte decía que era poco dinero... Desde el
momento en que tuve que detenerme hasta que recuperé mi
documento y pudimos seguir viaje, habían pasado unos 40 minutos
!!!
Tal vez esté siendo un poco reiterativo con los problemas con
la policía georgiana, pero es que nunca habíamos pasado por
nada igual en ningún país de los muchos en los que hemos
estado. Más allá del dinero, que si realmente hubiésemos
pagado en todos los controles en que nos detuvieron hubiese sido
mucho, lo más indignante era la desfachatez con que lo exigían
más que pedían, algunos pocos en plan simpático y los más,
recurriendo al poder al que supuestamente su uniforme les da
derecho, en un país en donde la impunidad y la corrupción están
a la orden del día.
Hablando sobre este tema con gente de allí, nos llamó mucho la
atención el que lo vieran como algo anecdótico, diría que
hasta con resignación. Otros incluso trataban de encontrarle
una especie de justificación por el lado de los bajos sueldos
que cobra la policía pero claro, cuando yo mencionaba que los
maestros, por poner un ejemplo, también recibían salarios de
risa y que eso no les daba derecho a vender los exámenes a sus
alumnos, todos me daban la razón.
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