GEORGIA I
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RAZONES PARA INCLUIR ESTE DESTINO Y ENTRADA AL PAIS:

En nuestra ruta original, Georgia no estaba incluido, tampoco Azerbaiján. La idea era cruzar la frontera desde Turquía directamente a Irán. En julio de 2003 recibimos en nuestra casa en Móstoles a dos niños de 12 años procedentes de dicho país, Zura y Bondo, quienes convivieron con nosotros cerca de dos meses y que procedían de dos familias refugiadas de la guerra de Abjaccia, de esto ya hace diez años. Lo hicimos con la intención de darles la oportunidad de pasarse unas buenas vacaciones. Luisa, quien fue la promotora de la idea, contactó con una Asociación dedicada al acogimiento temporal de niños y así fue que el 23 de julio llegaron a Madrid. Fue tan agradable la experiencia vivida con ellos durante ese tiempo que no dudamos en rehacer nuestra ruta e incluir a Georgia en nuestro itinerario con el fin de conocer a sus familias y poder verlos a ellos nuevamente.

El viernes 24 de octubre de 2003 dejamos atrás Artvin (Turquía) y tras recorrer 90 kms llegamos a la frontera con Georgia. Sólo por los trámites de aduana tuvimos que desembolsar $ 54 en concepto de tasa ecológica, desinfección y uso de las carreteras. Está claro que eran todas excusas para sacar dinero. De las ocho personas que nos rodearon al momento de abrir la puerta trasera del Toyota, por suerte una hablaba muy bien ingles y era el que nos indicaba los sitios adonde teníamos que dirigirnos para abonar las correspondientes tasas. En lo único que hicieron hincapié fue en una caja que llevamos con medicamentos, pero el problema se solucionó cuando le dejamos una tira de Neobrufen 600 a uno que padecía dolor de cabeza... Por suerte apareció detrás nuestro un camión con matrícula de Turquía y todos los que allí estaban con nosotros se fueron rápidamente hacia la nueva víctima.

Nos quedaba sólo por pasar el ultimo control, esta vez policial, antes de que abriesen la verja de salida de la aduana y aquí comenzó una historia inimaginable. Habíamos leído sobre la corrupción existente en este país, especialmente por parte de la policía, pero nunca nos hubiésemos imaginado que podía llegar a tanto. La primera sorpresa fue mientras chequeaban todos los comprobantes de pago, pasaportes y visados, momento en que se me acercó un policía, borracho, pidiéndome dólares descaradamente. Tras ignorarlo durante cinco minutos y luego de pedir reiteradamente que me dieran la documentación para poder continuar el viaje, pudimos finalmente entrar a Georgia después de casi dos horas de haber llegado al puesto fronterizo. Adelantamos el reloj dos horas y como aún teníamos liras turcas, las cambiamos por laris (moneda georgiana) en un chiringuito que había al otro lado de la verja de la aduana, dentro de una minúscula cocina con cuatro personas dentro.



BATUMI Y LA POLICIA:


Estábamos a 25 kms de Batumi, por lo que decidimos dirigirnos hacia allí para pasar la noche. Aclaro que tampoco había ningún otro sitio para hacerlo. No habíamos llegado a hacer ni dos kilómetros cuando en la primera rotonda, nos detuvo un control policial. Tras acercarse un policía y pedirnos la documentación, me hizo acompañarlo hacia donde se encontraba sus compañeros, unos ocho en total. Demás está decir que ningún policía en toda Georgia sabe mas de dos palabras en inglés, “money” y “problem”. Después de mirar el Carnet de Conducir Internacional, me pidió $50 para no tener problemas hasta Batumi (25 kms...), a lo que por supuesto me negué. Teniendo en cuenta que ya llevaba una media hora allí detenido, que estaba por oscurecer, que el policía sólo decía “problem” y que no me quería devolver la documentación, acepté darle 10 euros porque de otra forma aún estaría discutiendo en ese control.

De allí en adelante nos volvieron a parar dos veces más, en este caso policías apostados al costado de la carretera que en cuanto nos veían llegar, empezaban a tocar el silbato de forma continuada hasta que nos deteníamos. Cinco minutos negándome a darles dinero argumentando que ya había pagado $50 en el control anterior para no tener problemas, sirvieron para poder continuar el viaje hasta Batumi. En resumen, para recorrer estos 25 kms tardamos casi dos horas, porque había que ver también la carretera en que estado lamentable se encontraba.

Lo primero que nos llamó la atención de Batumi fue la oscuridad, costaba acostumbrar la vista a tan poca luz. Y es que no sólo no la había , sino que aquellas bombillas que sí estaban encendidas, parecían velas. Otro hecho para mencionar es el aspecto ruinoso y decadente de la edificación y de las calles, todo muy venido a menos. Luego comprobamos que tanto la falta de electricidad como el nulo mantenimiento de las carreteras, los edificios y las ciudades en general, son problemas que afectan a toda Georgia, no sólo a Batumi.

A la mañana siguiente mientras recorríamos en el Toyota el centro de la ciudad, fuimos detenidos en dos oportunidades por la policía, ambas para pedirnos dinero. Había que verles las caras de felicidad cuando nos veían aparecer .... En una de las ocasiones, y después de regatear todo lo que se podía, tuve que darles 10 laris (5 euros) porque según el policía, había hecho un giro prohibido en una rotonda y a pesar de que yo iba siguiendo a los que iban delante de mí, no es difícil imaginar a quien hicieron detener... Lo más increíble de todo fue que para darles el dinero, y teniendo en cuenta que el lugar estaba lleno de gente, hicieron bajar de un taxi al conductor para allí mismo dentro del taxi, un policía y yo pudiésemos pasar más desapercibidos, como si nadie se imaginase de que iba la historia !!!

Finalmente decidimos emprender los 150 kms que nos separaban de Kutaisi, segunda ciudad en importancia de Georgia después de su capital, Tbilisi, y en donde nos encontraríamos con Zura y su familia. En este tramo fuimos detenidos por la policía 10 veces !!! En algunas ocasiones eran controles fijos con barreras incluidas, pero la mayoría de las veces eran policías apostados al borde de la carretera, esperando a sus víctimas. Cuando detenían algún coche georgiano, el conductor directamente bajaba del vehículo y sin ningún tipo de disimulo, primero le estrechaba la mano y acto seguido le entregaba dinero.

Afortunadamente pudimos evitar pagar en casi todos los controles, excepto en uno. Estaba lloviendo y nos cruzamos con dos policías que estaban de espaldas a nosotros, mirando en sentido contrario de la carretera. Cuando vieron la matrícula trasera del Toyota, empezaron a tocar el silbato desaforadamente y claro está, tuve que detenerme. Como entre los policías y nosotros había quedado una distancia de 100 metros, no tuve mejor idea que retroceder sin saber que una de las dos luces blancas del Toyota, que indican la marcha atrás, no funcionaba. Tras indicarme la infracción cometida ..., me hizo subir a su coche, me entregó un papel en georgiano en donde sólo podía entender “45 laris”, y me explicó que tenía dos alternativas: o le daba a él 50 laris (25 euros) y asunto terminado, o bien tenía que ir al banco más cercano que estaba a unos 6 kms de distancia (y era sábado...), pagar la multa y regresar para entregarle el recibo a cambio de mi pasaporte.

Como opté por la segunda alternativa sabiendo que la primera era un farol, el policía no tuvo mejor idea que decirme que el coche quedaba inmovilizado y que tenía que ir caminando o conseguirme un taxi !!! Ahí empezó una discusión a los gritos, en el medio de la carretera, aunque la verdad es que ni ellos ni yo entendíamos nada de lo que nos decíamos. De buenas a primeras uno de los policías se guardó mi pasaporte y se puso a detener a otros vehículos, haciendo como si yo ya no estuviera allí. Finalmente llegué a un acuerdo con el otro policía y le pagué 25 laris (12,50 euros) pero allí empezó otra discusión, esta vez entre ambos policías porque quién tenía mi pasaporte decía que era poco dinero... Desde el momento en que tuve que detenerme hasta que recuperé mi documento y pudimos seguir viaje, habían pasado unos 40 minutos !!!

Tal vez esté siendo un poco reiterativo con los problemas con la policía georgiana, pero es que nunca habíamos pasado por nada igual en ningún país de los muchos en los que hemos estado. Más allá del dinero, que si realmente hubiésemos pagado en todos los controles en que nos detuvieron hubiese sido mucho, lo más indignante era la desfachatez con que lo exigían más que pedían, algunos pocos en plan simpático y los más, recurriendo al poder al que supuestamente su uniforme les da derecho, en un país en donde la impunidad y la corrupción están a la orden del día.

Hablando sobre este tema con gente de allí, nos llamó mucho la atención el que lo vieran como algo anecdótico, diría que hasta con resignación. Otros incluso trataban de encontrarle una especie de justificación por el lado de los bajos sueldos que cobra la policía pero claro, cuando yo mencionaba que los maestros, por poner un ejemplo, también recibían salarios de risa y que eso no les daba derecho a vender los exámenes a sus alumnos, todos me daban la razón.

 


Frontera, entrada a Georgia

Batumi, paseo marítimo

Jardín Botánico

Teatro

Monumento

Casa colonial, vestigio de otra época

Calle céntrica

Edificio de viviendas
Calle céntrica de Batumi Control policial entre la frontera y Batumi