GEORGIA III
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RUMBO A TBILISI:


Al mediodía salimos hacia Tbilisi junto a Zura, Aza, Natía, Ruso y una amiga suya, también llamada Natía, que iba a recoger el pasaporte. En total éramos siete en el Toyota !!! Y es que quisieron acompañarnos hasta último momento. En el camino entramos a la ciudad de Gori para visitar el museo de Stalin. Menos mal que llegamos durante el día, porque no había luz. La máscara que hicieron de la cara de Stalin apenas muerto, estaba ubicada en un sitio oscuro y la pudimos ver por gentileza de la guía del lugar, que apareció con una linterna.

Cuando llegamos a Tbilisi, fuimos directamente a la casa de una prima de Aza que vive en la parte vieja de la ciudad. Esta gente está en una buena posición económica, y nos estaban esperando con un grupo de chicos pertenecientes a un coro de música georgiana. Nosotros no lo sabíamos y mientras estábamos comiendo, de repente empezaron a cantar y nos quedamos con la boca abierta de la sorpresa. Las canciones se iban alternando con los brindis, una tradición muy de aquí, mientras el vino corría por litros.

Brindaban por nosotros, por nuestras familias, por nuestro hijo, por Verónica y Pablo, por los presentes y los ausentes, y cuando creo que ya no quedaba nadie más por quién brindar, a Zura, el cabeza de familia y marido de la prima de Aza, se le ocurrió brindar por “la mano derecha” porque es la que utilizamos para hacer las cosas, según me explicaron !!!

Lo pasamos muy bien y luego de la cena fuimos a la casa del hermano de Zura, un pintor reconocido. Luego del vino de rigor, dimos una vuelta por Tbilisi y volvimos a la casa de la prima de Aza, en donde nos quedamos a dormir. Al día siguiente el pintor nos regaló un cuadro que tenía colgado en la pared, así que ahora tenemos en “Andro”en el Toyota, que es así como los firma.

Después de un desayuno que casi todos los de la casa acompañaron con grapa y a lo cual nosotros nos negamos terminantemente y tras los brindis de rigor, nos alcanzaron hasta la casa de Bondo situada en un barrio llamado Fonichala, a unos 10 kms del centro de Tbilisi. Bondo nos estaba esperando al costado de la carretera junto a su primo Duda, que también estuvo en España. Grande fue la alegría cuando los vimos, y un montón de recuerdos sobre los momentos vividos en España vinieron a mi mente, máxime que también estábamos con Zura, que había venido con nosotros para ver a Bondo. Otra vez los cuatro juntos, aunque ahora en Georgia.

En la casa estaba el padre, Mamucka, y después de enseñarnos unas fotos de cuando Bondo era pequeño, nos fuimos a buscar al trabajo a Inga, la madre de Bondo. En Madrid habíamos conocido a una familia que vive en Móstoles, Yolanda y Pedro, y que también se había ofrecido a acoger un niño durante el verano, Lasha. Pues bien, después de encontrarnos con Inga, nos fuimos a la casa de Lasha, en el centro de Tbilisi. Allí conocimos a la madre, Marina, a la tía y a la abuela , y a una chica que sabía inglés y hacía las veces de traductora., por suerte porque Bondo, que tiene un buen nivel de inglés para su edad, no estaba por la labor.

Tbilisi nos pareció una ciudad suntuosa con una construcción muy al estilo soviético, edificios oficiales imponentes, una típica ciudad del este de Europa a mucha distancia de lo que son las otras ciudades de Georgia pero claro, en plena decadencia como el resto del país. Las calles sucias, llenas de baches, casi todos los semáforos de la ciudad sin funcionar, policías en los cruces de las avenidas dedicados exclusivamente a la extorsión sin ningún tipo de disimulo y enormes edificios de apartamentos ennegrecidos y en penumbras , conformaban un panorama bastante desolador. De todas formas y a diferencia de Kutaísi, Tbilisi tiene todos los aspectos de una ciudad.

La población de Georgia es de aproximadamente 5.000.000 de habitantes, de los cuales algo más de 1.500.000 viven en la capital y según nos dijeron, 100.000 son refugiados de Abjaccia. La falta de electricidad también se nota, especialmente en el alumbrado de las calles, en la luz tenue que se ve en los apartamentos y en que muchas tiendas cuentan con generadores junto a la entrada, pero la situación es mucho mejor que en el resto del país.

Un hecho que nos llamó la atención fue la cantidad de coches Mercedes Benz, nuevos y de gama alta, que se veían por la calle. A su paso, Inga, Mamucka o Bondo repetían la misma palabra, mafia. Y seguramente esto debería ser así porque nunca pudimos ver a unos de estos coches detenidos por la policía, y sólo bastaba ver la forma en que circulaban por la calle, a alta velocidad y sin detenerse ante nada ni nadie. Y por supuesto, el contraste entre estos coches y el resto era muy grande.

Acompañados de la familia de Bondo, de su primo Duda y de una chica también llamada Natía que hablaba castellano, visitamos Ananuri y Mzcheta, antigua capital de Georgia. Aquí se encuentra el monasterio de Svetickhoveli (siglo XI), en donde se supone que bajo una columna está la tumba de Fátima, hija de un rey georgiano, que murió con la túnica de Cristo en sus manos sin que se la pudieron quitar. También está el monasterio de mujeres, en donde se encuentra enterrada Santa Nino, quién introdujo el cristianismo en Georgia en el siglo IV y de cuya tumba emana un aceite supuestamente curativo. Fuimos también a David Garedja, un monasterio del siglo VI que está junto a la frontera con Azerbaiján y el domingo, día de las elecciones parlamentarias, vino a la casa de Bondo la familia de Lasha con una chica que hablaba muy bien español, por lo que dedicamos todo el día para hablar con ellos.

Según nos comentaron, los padres de Bondo son economistas, la tía de Lasha es dentista y no recuerdo la profesión de la madre y del padre, muerto en la guerra, habiendo sido el abuelo ministro del gobierno de Abjaccia varios años atrás. Por la forma en que se expresaban, notamos un cierto aire de clasismo intelectual, no concebían una realidad en la que alguien sin título universitario pudiera estar ganando más dinero y viviendo mejor que un profesional como ellos.

Cuando se referían a los abjasos, es decir, a los habitantes de Abjaccia que no eran de origen georgiano como ellos, lo hacían de forma despectiva diciendo que era gente que venía de las montañas, sin cultura, y con una lengua propia tan pobre que hasta carecía de escritura. Tanto los padres de Bondo como los de Lasha nos hicieron la misma pregunta, cual era nuestra profesión? Ante la respuesta de que teníamos una tienda, nos aclararon que se referían a nuestras carreras universitarias ...

Nuestra conclusión es que, al igual que para la familia de Zura, la guerra significó para ellos el haber tenido que abandonar su lugar de nacimiento, la pérdida de familiares, del trabajo y de los bienes materiales, pero en el caso concreto de las familias de Bondo y Lasha, a todo esto habría que agregarle la pérdida de su posición social, tan importante para ellos.

Algo que también nos llamó la atención fue el que se sintieran refugiados en su propio país, máxime que ya han pasado 10 años del fin de la guerra. Según ellos, es una forma de no olvidar sus orígenes, seguros de que algún día podrán regresar a sus casas .... Nos comentaron que ciertos sectores de la sociedad, aunque minoritarios, se oponen a las ayudas que reciben los refugiados por parte del gobierno argumentando que antes de la guerra, Abjaccia como región autónoma era tal vez en donde mejor se vivía de toda Georgia, no habiendo existido en ese entonces por parte de sus habitantes, un sentimiento de solidaridad para con el resto del país. De ahí el cierto rechazo que según ellos existe hacia los refugiados por parte de alguna gente.

A la mañana siguiente, lunes 3 de noviembre de 2003, salimos hacia la frontera con Azerbaiján acompañados de Bondo y su familia. Se nos vencía el visado y muy a nuestro pesar, debíamos abandonar Georgia. Los controles policiales no se acababan nunca, pero parece ser que Mamucka tenía un amigo en la policía y esto facilitaba las cosas. Nos despedimos de todos en el puesto fronterizo, prometiendo regresar nuevamente.




Zura, Bondo y Lasha


Típica casa del casco antiguo de Tbilisi


Casco viejo


Antiguo restaurante, hoy en ruinas


Monasterio de Dzvari, frente a Mzcheta


Monasterio de Ananuri


Alrededores de Ananuri

Vistas desde Ananuri

Parlamento de Tbilisi

Venta de carne en la carretera

Pan fresco junto a la carretera

Monasterio de Gelati, Siglo XII al XIV

Entrada al museo de Stalin en Gori

Salón del tren privado de Stalin

Museo, máscara de Stalin