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Finalmente
después de tardar unas cinco horas para recorrer 150 kms,
llegamos a Kutaísi. Llevábamos el papel en el que Zura nos había
escrito la dirección de su casa en georgiano (kartuli).
Evitamos en todo momento a los policías que estaban situados en
las rotondas de la ciudad o al costado de las avenidas, ya sea
circulando detrás de algún camión o directamente yendo a más
velocidad de la normal, aprovechando también que estaba
lloviendo tenuemente. De todas formas algún que otro silbato
escuchamos, pero los ignoramos abiertamente.
Primero preguntábamos por el barrio, Zaodi, que estaba a unos 5
kms del centro de la ciudad. Preguntar es una forma de decirlo,
porque simplemente me limitaba a mostrar el papel escrito por
Zura y a tratar de interpretar los gestos que me hacían para
saber en que dirección ir. Una vez que estuvimos en el barrio,
entré en una gasolinera y tuvimos la suerte de que un chaval
que estaba allí, nos acompaño con su coche hasta la casa de
Zura, que estaba bastante cerca. Mientras aparcábamos en la
puerta del edificio, Luisa reconoció a la madre de Zura (la había
visto en una foto que él había llevado a Madrid) cuando estaba
por entrar, y a su vez Aza vio la matrícula de España del
Toyota y como sabía que en cualquier momento podíamos llegar,
enseguida se dio cuenta de quienes éramos. Habían pasado 23 días
desde nuestra salida de Móstoles, llevábamos recorridos 8.064
kms, consumidos 804 litros de gasoil y por fin estábamos en la
casa de Zura.
Los días en Kutaísi serán inolvidables. La familia de Zura,
sus amigos, los vecinos, la directora del colegio y su marido,
es decir todos los que conocían a Zura y sabían de su viaje a
España, hicieron cuanto podían y mucho más para agasajarnos,
se mostraron tan agradecidos que muchas veces pensábamos que no
habíamos hecho tanto como para merecernos semejantes muestras
de afecto. El apartamento de Zura era un constante ir y venir de
gente, todos querían conocernos y darnos las gracias. Coincidían
en que Zura había cambiado muchísimo tras su viaje a España,
que era otra persona, y nos atribuían todo el mérito a
nosotros.
Tratamos de explicarles que no habíamos hecho nada del otro
mundo, que simplemente lo tratamos como si hubiese sido nuestro
hijo o uno de nuestros sobrinos, y que más allá de las
diferencias en las condiciones de vida, lo más importante para
Zura fue el haber viajado sólo, a otro país, con idioma y
costumbres diferentes y sin saber con quien viviría durante
todo ese tiempo. El hecho de que la experiencia haya sido
positiva, hizo que Zura ganase en confianza y seguridad en sí
mismo, y para nosotros esto es lo más importante. También les
explicamos que no sólo nosotros hicimos todo lo posible porque
Zura y Bondo se sintieran cómodos y felices durante su estancia
en España, que gran parte del mérito también lo tenían
nuestros sobrinos, Pablo y Verónica, porque desde el primer día
hasta el último los trataron como si hubiesen sido sus amigos
de toda la vida, y también Susana, Claudio, Titina, Chus,
Arnoldo y Andrea, quienes de una forma u otra contribuyeron a
que tanto Zura como Bondo vivieran unas vacaciones que siempre
recordarán.
La sensación al entrar en Kutaísi fue la de encontrarnos en
una ciudad en ruinas. Todo oscuro, triste, con edificios públicos
o de viviendas que en el pasado estuvieron bien pero que hoy en
día se encuentran en estado ruinoso, roídos por el paso del
tiempo, sin mantenimiento alguno, con calles llenas de baches y
muchas de ellas sin asfaltar, sólo barro. Si a esto le
agregamos que se estaba haciendo de noche y llovía
constantemente, se podrá comprender que la impresión fue
bastante deprimente.
El edificio más bonito de la ciudad es el teatro y cuenta con
un gran mercado en donde se puede comprar de todo, desde
gallinas o cerdos vivos hasta paraguas, todo lo necesario para
vivir. A las 6 de la tarde ya era de noche, la mayoría de
tiendas cerraban por falta de luz, en las calles no se veía
nada y los enormes edificios, oscuros, parecían deshabitados.
Según luego nos dijeron, el problema de la falta de
electricidad no es de ahora, sino que llevan años padeciéndolo,
tal es así que la semana anterior a que nosotros llegásemos,
habían estado sin luz en toda la ciudad durante cuatro días.
Por suerte en Zaodi, el barrio en donde vive Zura, hubo luz
durante los cuatro días en que estuvimos, me refiero a los
edificios porque lo que nosotros conocemos con el nombre de
alumbrado público, allí no existe.
La guerra de Abjaccia, que terminó en septiembre de 1993 y duró
poco más de un año, trajo como consecuencia la entrada en
Georgia de entre 200.000 y 300.000 refugiados, la cifra varía
según la información provenga de fuentes oficiales o de la
misma gente afectada, de los cuales 20.000 viven en Kutaísi. La
gran mayoría fueron realojados en edificios públicos que
durante el período en el que Georgia formaba parte de la URSS,
funcionaban como hoteles o centros vacacionales.
Precisamente Zura y su familia viven en el hotel Kolkheti,
ocupado enteramente por refugiados de Abjaccia. Es un edificio
de cinco pisos, con unos cuatro apartamentos por planta, en
donde la falta de mantenimiento y el deterioro se palpan a cada
instante. El resto de edificios, no sólo de Zaodi sino de casi
toda Kutaísi, se encuentran en las mismas condiciones, no es
algo que sólo afecte a la gente refugiada de Abjaccia. A unos
10 kms de distancia, existe un enorme complejo habitacional que
en otra época fue un centro de salud con aguas termales, hoy en
día viven allí unos 12.000 refugiados. Algunos edificios puede
que estén mejor que otros, todo depende de si la gente que allí
vive tiene trabajo o cuenta con algún familiar viviendo en
Alemania o Rusia que les pueda enviar dinero.
La familia de Zura está compuesta por su madre Aza, su abuela
materna Natella, la hermana de Aza de nombre Natía y su hermano
Sviadi de 13 años. Durante la guerra, Aza tuvo la desgracia de
perder en sólo 15 días a su padre, su hermano y a su marido,
el padre de los chicos. Conocimos también al abuelo paterno de
Zura, de quien lamentablemente no recuerdo el nombre, a Natía y
a Ruso, dos chicas de 18 y 20 años respectivamente que se
transformaron en nuestras traductoras oficiales de
georgiano-inglés. Estudian turismo y filología inglesa en la
universidad de Kutaisi, viven en el mismo hotel y estuvieron con
nosotros en todo momento, desde aquí nuestro agradecimiento.
Estuvimos con la directora del colegio, de nombre Nato, quien
fue la persona que decidió que fuese Zura el elegido para
viajar a España, con su marido e hijos, y con varios vecinos más
del hotel que se acercaban para conocernos y saludarnos.
Visitamos los monasterios de Bagrati (siglo XI), Gelati (siglo
XII) y la iglesia de Motsameta (siglo XI), siempre bajo la
lluvia que nos acompañó durante nuestra estancia en Kutaísi.
También estuvimos en la reserva natural de Sataplía, conocida
por las pisadas de dinosaurios que pueden verse y por la magnífica
gruta que allí se encuentra. A todos estos lugares fuimos
acompañados por Zura, su madre Aza, Natía y Ruso. Continuamos
teniendo problemas con la policía, se dio el caso de que en
menos de 100 metros, camino a la casa de Zura y dentro mismo de
Kutaísi, nos detuvieran dos veces policías diferentes !!! Pero
ahora era Aza la que hablaba con ellos y nos dejaban continuar,
aunque de muy mala gana. Otras veces, al ver tanta gente dentro
del Toyota, se quedaban mirando mientras Aza se asomaba para que
vieran que íbamos con gente de allí.
El miércoles 29 de octubre dejamos Kutaísi, después de haber
pasado cuatro días muy difíciles de olvidar, especialmente por
el cariño de la gente y la forma en que todos nos trataron. Si
no hubiese sido porque al entrar a Georgia sólo nos habían
dado 10 días de permanencia, y que aún nos quedaba por visitar
a Bondo en Tbilisi, nos hubiésemos quedado más tiempo allí.
Estamos obligados a volver a Kutaísi en cuanto podamos, de eso
seguro.
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